CON LA PRIMERA LUZ

 

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Poema dedicado a Maria del Rosario Salcedo- Abuela de Cati Cifuentes Salcedo

CON LA PRIMERA LUZ

Con la primera luz desayuna

entre soledad y agua cebada

Sombras de tierra

a la quebrada alma abren espacio.

Caminata o bicicleta

A las ocho comienza otra jornada

entre naranjos y cosecha.

Prepara pan, cántaro y sardinas

con una odos berenjenas

para asar a la lumbre el mediodía

si no tocino o morcillas.

De sol, recolectando naranjas, a sol.

De sol, falda larga y alpargatas,

pañuelo y sombrero, a sol.

Cada fruto del árbol

que toman sus manos jóvenes

la va acercando a la casa,

sus hijos la esperan todo el día

hasta poco antes de sonar las sirenas.

Y canta esas canciones.

Puesto que ella no habla

Trae hacia sí

aquellos tiempos del día que fue a verlo

para cuidarle un poco de las cárceles franquistas

y le entregaron una manta,

 

Trae hacia sí

Aquel tiempo de luna fría invernal

del cuatro de diciembre de 1941,

intervalo entre su santo y el tiro de gracia.

Sin darse cuenta las canta.

Y todos se lo recuerdan.

-María del Rosario, esas canciones no,

o mira lo que le pasó a tu marido-

Y aunque quiera olvidarlas

de la boca no se le van:

“Arriba, parias de la Tierra.
En pie, famélica legión.
Atruena la razón en marcha,
es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava en pie a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo han de ser.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.
Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre libre ha de forjar.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor.
Nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.
Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser,
no más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber.
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.”

Letra extraida  de:

http://www.guerracivil1936.galeon.com

Himnos y canciones de la Guerra Civil

ORIHUELA SU CASA

En abril del 2016 como todos los años se realiza la senda del poeta un recorrido por todos los sitios donde Miguel Hernández vivió, desde Orihuela, Cox, Callosa del Segura, Albatera, Crevillente, Elche, Rebolledo y Alicante donde murió. De viernes a Domingo se hace la senda del Poeta andando. durmiendo en el polideportivo de albatera, en la universidad de Elche y se llega el domingo a Alicante.

Antes de salir de la senda una parada necesaria e imprescindible es la casa del Poeta.

Estas son las fotos obtenidas de su visita.

Josefina Manresa

Josefina Manresa Marhuenda, la que fue esposa del poeta Miguel Hernández, falleció en Elche (Alicante) el 18 de febrero de 1987, a los 71 años de edad a causa de un cáncer de mama. Josefina fue la mujer que inspiró a Miguel Hernández el libro de poemas El rayo que no cesa, en mi opinión y en opinión de muchos uno de los mejores libros de la lírica española. Además, también le inspiró otros poemas amorosos igual de hermoso.


Josefina a raíz de la trágica muerte de Miguel Hernandez en 1942 veló por la difusión de la obra de su marido. Sin embargo, muchos desconocen información acerca de la vida de esta señora que vivió en la guerra y tantos años después, padeció hambre y amó al poeta hasta que fue llevada por la enfermedad. Cuando él estuvo en prisión, su mujer Josefina Manresa le envió una carta en la que mencionaba que sólo tenían pan y cebolla para comer, situación que inspiró al poeta y compuso en respuesta las Nanas de la cebolla, las nanas más tristes de la literatura española.

A dos meses y medio del fallecimiento de su otro hijo, nació Manolillo. Josefina le envió una foto del pequeño que acababa de nacer y el padre comentó en una carta: “No pasa un momento sin que lo mire y me ría, por muy serio que me encuentre, viendo esa risa tan hermosa que le sale delante de los cortinones y encima del catafalco ese en que está sentado. Esa risa suya es mi mejor compañía aquí y cuanto más la miro más encuentro que se parece a la tuya. Y los ojos, y las cejas y la cara entera. Este hijo nuestro, por quien no debes perder el ánimo y la confianza en esta vida, es más tuyo que mío. El otro era más mío…”

Las penurias que ella vivió mientras él se encontraba apresado inspiraron el poema de las Nanas de la cebolla. Ella le informó de su trágica situación y Miguel, muy afectado por la noticia y Miguel dice lo siguiente: “Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme…”.

NANAS DE LA CEBOLLA

https://www.youtube.com/watch?v=038o8tRSbrE

La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla,

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

 Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

Una mujer morena

resuelta en luna

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete, niño,

que te traigo la luna

cuando es preciso.

Alondra de mi casa,

ríete mucho.

Es tu risa en tus ojos

la luz del mundo.

Ríete tanto

que mi alma al oírte

bata el espacio.

Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

 cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.

Es tu risa la espada

más victoriosa,

vencedor de las flores

y las alondras

Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor.

La carne aleteante,

súbito el párpado,

el vivir como nunca

coloreado.

¡Cuánto jilguero

se remonta, aletea,

 desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:

nunca despiertes.

Triste llevo la boca:

ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa

pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,

tan extendido,

que tu carne es el cielo

recién nacido.

¡Si yo pudiera

remontarme al origen

de tu carrera!

Al octavo mes ríes

con cinco azahares.

 Con cinco diminutas

ferocidades.

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes.

Frontera de los besos

serán mañana,

cuando en la dentadura

sientas un arma.

 Sientas un fuego
correr dientes abajo

buscando el centro.

Vuela niño en la doble

luna del pecho:

él, triste de cebolla,

tú, satisfecho.

No te derrumbes.

No sepas lo que pasa ni

lo que ocurre.

 Publicado por Silvia Serret  en  http://www.actualidadliteratura.com/josefina-manresa-la-esposa-de-miguel-hernandez/

Josefina Manresa (mujer del Poeta Miguel Hernández)

Josefina Manresa Marhuenda, la que fue esposa del poeta Miguel Hernández, falleció en Elche (Alicante) el 18 de febrero de 1987, a los 71 años de edad a causa de un cáncer de mama. Josefina fue la mujer que inspiró a Miguel Hernández el libro de poemas El rayo que no cesa, en mi opinión y en opinión de muchos uno de los mejores libros de la lírica española. Además, también le inspiró otros poemas amorosos igual de hermoso.


Josefina a raíz de la trágica muerte de Miguel Hernandez en 1942 veló por la difusión de la obra de su marido. Sin embargo, muchos desconocen información acerca de la vida de esta señora que vivió en la guerra y tantos años después, padeció hambre y amó al poeta hasta que fue llevada por la enfermedad. Cuando él estuvo en prisión, su mujer Josefina Manresa le envió una carta en la que mencionaba que sólo tenían pan y cebolla para comer, situación que inspiró al poeta y compuso en respuesta las Nanas de la cebolla, las nanas más tristes de la literatura española.

A dos meses y medio del fallecimiento de su otro hijo, nació Manolillo. Josefina le envió una foto del pequeño que acababa de nacer y el padre comentó en una carta: “No pasa un momento sin que lo mire y me ría, por muy serio que me encuentre, viendo esa risa tan hermosa que le sale delante de los cortinones y encima del catafalco ese en que está sentado. Esa risa suya es mi mejor compañía aquí y cuanto más la miro más encuentro que se parece a la tuya. Y los ojos, y las cejas y la cara entera. Este hijo nuestro, por quien no debes perder el ánimo y la confianza en esta vida, es más tuyo que mío. El otro era más mío…”

Las penurias que ella vivió mientras él se encontraba apresado inspiraron el poema de las Nanas de la cebolla. Ella le informó de su trágica situación y Miguel, muy afectado por la noticia y Miguel dice lo siguiente: “Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme…”.

NANAS DE LA CEBOLLA

https://www.youtube.com/watch?v=038o8tRSbrE

La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla,

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

 Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

Una mujer morena

resuelta en luna

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete, niño,

que te traigo la luna

cuando es preciso.

Alondra de mi casa,

ríete mucho.

Es tu risa en tus ojos

la luz del mundo.

Ríete tanto

que mi alma al oírte

bata el espacio.

Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

 cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.

Es tu risa la espada

más victoriosa,

vencedor de las flores

y las alondras

Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor.

La carne aleteante,

súbito el párpado,

el vivir como nunca

coloreado.

¡Cuánto jilguero

se remonta, aletea,

 desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:

nunca despiertes.

Triste llevo la boca:

ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa

pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,

tan extendido,

que tu carne es el cielo

recién nacido.

¡Si yo pudiera

remontarme al origen

de tu carrera!

Al octavo mes ríes

con cinco azahares.

 Con cinco diminutas

ferocidades.

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes.

Frontera de los besos

serán mañana,

cuando en la dentadura

sientas un arma.

 Sientas un fuego
correr dientes abajo

buscando el centro.

Vuela niño en la doble

luna del pecho:

él, triste de cebolla,

tú, satisfecho.

No te derrumbes.

No sepas lo que pasa ni

lo que ocurre.

 Publicado por Silvia Serret  en  http://www.actualidadliteratura.com/josefina-manresa-la-esposa-de-miguel-hernandez/